martes, 18 de enero de 2011

A prepararse para lo peor

Si los presagios del Banco Mundial acerca de que se revivirá la crisis de 2008 se llegaran a cumplir, entonces creo que retrocederíamos tanto que no me atrevo a pensar qué pasaría con el ejército de desempleados en este país y con las legiones de familias viviendo en pobreza absoluta y extrema.

Quienes sean los culpables de que estas crisis se vengan de un año para otro, no importa; si los chinos, los especuladores, los fondos buitres o los pícaros y estafadores como Madoff y compañía, pero si debe importar que los gobiernos estén preparados para enfrentarlas con cierto grado de éxito.

Pero en el caso de El Salvador, esa posibilidad está bastante difícil, por varias razones. Veamos las principales: Nos acaban de bajar la calificación de "BB" a "BB-" por parte de Standard & Poor's; nos vacunaron ya con la eliminación del subsidio a la energía para los que consumimos más de 99 kilovatios hora mes y, de ribete, nos pegaron otra buena enhebrada con el aumento del 8 por ciento a la factura eléctrica desde el 12 de enero.

Y como si eso fuera poco, los países productores y exportadores de petróleo ya hablan de que el precio de este comoditie va a llegar arriba de los $100 y hasta $120 el barril en los próximos meses, lo cual desataría una espiral inflacionaria que encarecería, incluso los boletos para entrar al infierno.

A lo anterior hay que agregarle que según el Banco Mundial viene una escasez de alimentos, como la soya, el trigo y la carne de res, debido a que el apetito de los chinos está creciendo cada día más, en la medida que su economía va mejorando, gracias a la llegada de más empresas provocada por la apertura comercial del gigante asiático.

Esto, si bien no sería el tiro de gracia, es probable que en algo también nos afecte en el desempeño de la economía local, sobre todo por la alta dependencia de la harina de trigo para el pan nuestro de cada día. Francés (largo y doblado) y de dulce, incluyendo las peperechas, que tanto nos gustan a los salvadoreños.

Y lo más reciente, es el anuncio de que ya se viene otra subida al precio del platillo favorito de los guanacos: los frijoles, por la escasez al irse agotando las pocas reservas que quedaron ante la raquítica cosecha del año pasado.

Añadamos ahora que estamos en un año pre electoral y que, como ocurre siempre, el fantasma de la incertidumbre política volverá a rondar por estos lares y, no me pregunten por qué, pero la inversión se congela o disminuye, hay fuga de capitales y en general la actividad productiva disminuye.

Ahora con mucha más razón, pues mucho se especula, que ante el resquebrajamiento del principal partido de oposición: ARENA, la balanza legislativa se vaya a inclinar tanto que le pudiera dar mayoría absoluta al FMLN gobernar con pleno libertinaje y conducir al país hacia el temido Socialismo del Siglo XXI.

Entonces sería el acabóse para las leves esperanzas que quedan de reactivar la economía, ya que comenzaría el éxodo masivo de capitales, se paralizaría la poca inversión privada en ejecución o por ejecutarse, no llegaría más inversión extranjera directa; el empleo seguiría cayendo, igual que el consumo que enfriaría cada vez más la dinámica económica.
Y como dije en otro comentario: la cosa se está poniendo peluda.

viernes, 14 de enero de 2011

¡Qué comienzo de 2011!

Año Nuevo, vida nueva, dice el refrán. Y es que este 2011 El Salvador en vez de comenzar con pie derecho, lo hace bastante torcido, será casualidad; creo que no, porque ya van dos noticias lamentablemente negativas.

El 13 de enero, dos importantes entidades internacionales desmejoraron a El Salvador dos importantes indicadores que le toman el pulso a la actividad económica de los países. Se trata del Índice de Libertad Económica (ILE), elaborado por la Fundación Heritage y The Wall Street Journal; y la calificación crediticia, a cargo de Standard & Poor's.

En el caso del ILE se coloca al país en el puesto 39. Eso es 1.1 puntos menos que la calificación del año pasado, con énfasis en los derechos de propiedad y libertad frente a la corrupción.

En el caso de la calificación crediticia, S&P nos pasó de "BB" a "BB-", y aunque lo disfraza con "panorama estable", lo cierto es que vamos de mal en peor.

De acuerdo con el informe de la Fundación Heritage y The Wall Street Journal, la libertad económica de El Salvador sigue obstaculizada por las debilidades institucionales, en especial por un sistema judicial débil e ineficiente que necesita de reformas profundas.

Otro aspecto que pinta de mediocre al país es que ambas entidades afirman que la corrupción es significativa, a tal grado que el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional ubica a El Salvador desde 2009 en el puesto 84 de 184 países, y todo apunta a que podría seguir cayendo por varios casos que han salpicado a algunos altos funcionarios de los órganos Ejecutivo y el Judicial.

El informe también señala que el país bajó 10 puntos en la protección de la propiedad privada, ya que las demandas se mueven muy lentamente y pueden ser costosas e improductivas. Aparte que las empresas manipulan el sistema legal y retrasan el cumplimiento definitivo de las sentencias. En este indicador, El Salvador aparece en la posición 71 de 125 naciones analizadas.

Aunque indica que "El Salvador ha dado pasos en los últimos años para mejorar su entorno empresarial, sin embargo, las regulaciones se hacen cumplir de manera incompatible", señala.

El reporte destaca que la ineficiencia judicial y la delincuencia son los principales obstáculos que enfrentan las empresas y por los cuales ven restringidas sus utilidades y por ello muchas no se animan a invertir más.

En cuanto al gasto público, los expertos indican que el país respondió a la recesión global principalmente a través de la reducción de gastos, disminución de la inversión pública y los préstamos, aunque esto no lo comparto, porque quienes vivimos aquí, sabemos que no es cierto, por más que lo diga el Gobierno.

Aquí está la contradicción del reporte de Heritage y el Wall Street Journal. El reporte dice que En el último año, el gasto total del Gobierno, incluyendo consumo y los pagos de transferencias, aumentaron ligeramente a 20 por ciento del PIB.

Retomando el informe de S&P, la rebaja de la calificación crediticia de "BB" a "BB-" se debe, según la calificadora, a la incertidumbre política que vive el país y que está afectando el desempeño de la economía.

Las discrepancias entre el presidente Mauricio Funes y el FMLN han acentuado la incertidumbre política y, como consecuencia, la economía camina sin rumbo, afirma la calificadora.

Según S&P "se espera que esto siga impidiendo el avance de una serie de reformas cruciales y finalmente debiliten la flexibilidad fiscal y las perspectivas de crecimiento económico".

Así las cosas, todo indica que el año de la esperanza, como creí que sería el 2011, se está convirtiendo poco a poco en el año del desespero.

A ello hay que agregar, las malas noticias del entorno internacional, como el pronóstico del alza de los precios de los principales comodities o materias primas y los alimentos que recién acaba de hacer el Banco Mundial, y para colmo el mismo día, como si todos se pusieron de acuerdo en que ese 13 de enero, el aniversario diez de los terremotos de 2001, se convierta en el jueves negro para El Salvador.

Ojalá, o como dicen los árabes "Oh Alá" que ese presagio tan negro no se concretice, porque entonces quien sabe si la economía y su base social resistan otro golpe que empuje de nuevo a terreno negativo el crecimiento del PIB.

Sería como acelerar un carro cuando va en reversa en una carretera que serpentea entre acantilados.

Así que si no queremos que el país se derrumbe tenemos que poner todo lo que esté a nuestro alcance tanto el Gobierno, como los empresarios y los trabajadores. Somos las tres fuerzas que podemos sacar al país adelante y lograr que se reviertan esos indicadores, para atraer inversión extranjera, que sumada a la privada local, nos ayude a fortalecer el tejido productivo capaz de generar empleo y bienestar para todos los salvadoreños.

Empezamos el año y de qué manera, pero los salvadoreños somos capaces de reponernos a toda adversidad y estas bajas de calificación son solo advertencias que nos harán recapacitar sobre lo que estamos haciendo mal, para comenzar a hacer mejor las cosas y levantarnos triunfantes como el Ave Fénix y más temprano que tarde poder gritarle al mundo "si se pudo".

jueves, 13 de enero de 2011

La esperanza

Tal vez este comentario no tenga nada que ver con la temática de este blog, pero a veces es bueno filosofar sobre otros temas, quizá muy personales, y es posible que hasta valga la pena. Así que espero hacerlos meditar un poco.

Bien dice el refrán popular que las esperanzas no llenan, pero mantienen al tonto. Así que trata de no seguirlo siendo, y en vez de esperar, ponte en acción. La misma palabra de Dios dice: al que toca la puerta, se le abrirá, el que busca, encuentra, y al que pide, se le dará.

Es más, la oración misma significa que hay que orar (pedir) a Dios, pero a la vez que debemos ponernos en acción para conseguir lo que le pedimos.

Así que no te quedes allí “paradote”, esperando que todo te caiga del cielo, porque del cielo solo cae la lluvia, pero si no construyes la cisterna para almacenarla, seguirás pasando sed.

Nunca le pidas a Dios que haga todo por ti. Él ya hizo lo suficiente; te dio la vida, tus ojos para que te enseñen el camino, tus pies para que camines hacia la prosperidad, tus manos para que trabajes por tu bienestar, tu cerebro para que pienses como alcanzarlos y tu boca para que le pidas pero, sobre todo, te dio la libertad para que decidas tu propio destino.

Nunca te conformes con lo que tienes, a menos que lo que tengas no te alcance para compartirlo con tu familia, tus vecinos, tus amigos y los que nada o muy poco tienen.

Cuando le pidas a Dios que te ayude a conseguir algo, material sobre todo, ten fe de que Él lo hará, si estás dispuesto a compartir su bendición con otros. Pero si piensas solo para ti, lo más seguro es que tendrás que seguir esperando. Dios no contesta las oraciones egoístas.

Recuerda que las manos que siempre dan, nunca están vacías, es la ley de la recompensa; alguien tiene que desprenderse de lo que posee para que otro tenga y ese alguien es Dios, que siempre está dispuesto a darte, cuando sabe que tu harás lo mismo con lo que él te dé.

Pruébate, desiste de lo que no utilizas, no lo guardes pensando que algún día lo usarás, tampoco lo botes, como hacen muchos cuando pasa el camión de la basura, regálalo; siempre hay alguien que lo puede necesitar, a parte de que te creará un vació que de alguna forma tendrás que llenar y, por lo general, será con cosas nuevas.

Sé generoso, no seas como el azadón, que solo es para adentro, más bien sé como la pala, que siempre está dando y no se cansa de dar. La generosidad es el mejor don de Dios, que siendo el dueño de todo lo que es y existe, quiso compartir su creación con nosotros.

Recuerda que las cosas viejas acumuladas en casa no permiten que lleguen las nuevas, porque no hay espacio para más, así que llévalas a un albergue, dárselas a la gente pobre. Ellos te lo agradecerán, y Dios que conoce todas tus necesidades te recompensará en grande.

martes, 11 de enero de 2011

Carta al presidente

Como ya pasó la Navidad y el día de los Reyes Magos, entonces le envío esta carta al presidente de los salvadoreños, no sé si de todos, pero quiero pedirle lo que cualquier ciudadano de a pie podría requerirle.
Primero que nada, que ya es hora de hacer algo por combatir los problemas fundamentales que aquejan a todas las personas que vivimos en este Pulgarcito de América, que son: La delincuencia, la falta de seguridad jurídica, aunque esto también depende de la Asamblea que hace las leyes y de la Corte Suprema de Justicia que debería hacer que se apliquen y cumplan; la falta de rumbo económico y las contradicciones entre él y su partido, que no reflejan la unidad de criterios con que se debe gobernar un país.
También que debe evitar, en cuanto le sea posible, seguir contratando deuda pública, a no ser que sea para inversión en actividades productivas, no se debe caer en la teoría keynesiana de abrir hoyos y volverlos a tapar solo para generar empleo; reducir el gasto corriente, y esto va con los tres órganos del Estado, como la compra de flotas de vehículos, a menos que sea estrictamente necesario; aviones, viajes al extranjero (evitando que vayan funcionarios innecesarios y periodistas), publicidad, aumentos de salarios (pues los empleados públicos son los que mejor ganan) y evitar el despilfarro de papelería, útiles y equipos de oficina, que es algo común en todas las entidades públicas, para mencionar algunos.
No espero que esos problemas se eliminen, porque sería una utopía, pero al menos que se reduzcan, con lo cual se enviará un mensaje de certidumbre tanto a los inversionistas locales como extranjeros para que comiencen a invertir aquí, con lo cual se generará empleo, crecerá el consumo y aumentará la recaudación tributaria, sin crear nuevos ni aumentar los impuestos, que se necesita para mejorar los servicios públicos, en especial la salud y la educación, que son pilares fundamentales para el desarrollo y crecimiento económico sostenido de largo plazo.
También debe evitar la tentación de subir impuestos o crear nuevos para aumentar la recaudación tributaria, mejor se deben buscar los mecanismos para hacer que paguen los que siempre han evadido y el sector informal que mueve grandes volúmenes de mercancías por medio de vendedores ambulantes.
Es de justicia que todos paguemos impuestos, y no que la carga tributaria recaiga únicamente sobre los mismos de siempre, en especial los asalariados que no tenemos manera de evitar que se nos descuente la renta de nuestros salarios, pues el empresario y los profesionales independientes se las arreglan para trasladar este impuesto a los consumidores.
Hay actividades productivas que por ser altas generadoras de empleo deberían tener incentivos, pero que no sean dádivas del Gobierno (como el drawback) o las exenciones fiscales, sino más bien crear la infraestructura y condiciones de operatividad necesarias para mejorar su desempeño.
Lo anterior pasa por mejorar el estado de las carreteras, bajar las tarifas en puertos y aeropuertos, bajar los intereses para capital de trabajo, reducir los trámites para la creación de empresas, concesionar a un inversionista de clase mundial y convertir el puerto de La Unión y su zona extraportuaria en un parque industrial donde se transformen las materias primas y se añada valor a algunas mercancías importadas para luego exportarlas.
Con la construcción de la Carretera Longitudinal del Norte, con los Fondos del Milenio (Fomilenio), que estará terminada el tercer trimestre del próximo año, se abre una buena oportunidad para descentrlizar gran parte de la estructura productiva nacional, lo cual puede llevar desarrollo a esa franja del territorio y, lo que es mejor, detener la migración del campo a las ciudades del gran San Salvador.
También se debe hace un mejor uso de los tratados de libre comercio, sobre todo el CAFTA, propiciando la atracción de empresas extranjeras de países como Brasil, China, India, Rusia (BRIC) y otros que por su enorme distancia con Estados, les saldría más barato establecerse en El Salvador y exportar desde aquí al mercado más grande del mundo y otras naciones con las que tenemos tratados de libre comercio.
En fin hay tanto que se puede hacer para que la economía de El Salvador despegue y crezca sostenidamente, pues tenemos la ventaja de que al ser pequeños solo necesitamos re dirigir nuestras exportaciones a aquellos países que son altos consumidores como Estados Unidos, México y Canadá, además de los que tenemos cerca en Centroamérica, Sur América y quizá Europa; para qué buscar mercados tan lejanos como los de Asia, si los costos respecto de sus vecinos nos van a sacar de competencia.
Con una buena política de exportaciones basada en añadir valor a lo importado, más los bienes netamente locales y tradicionales, lo único que falta es creatividad y atacar los principales problemas que nos mantienen estancados. Lo demás vendrá por añadidura.

lunes, 10 de enero de 2011

Un año de esperanzas

2011 podría ser un año de esperanzas si el Gobierno, después de 18 meses de aprendizaje sobre la conducción del país, comienza a hacer bien las cosas, no digo que todo lo haya hecho mal, pero aparte de repartir migajas entre los más pobres, no ha hecho mucho para mejorar la situación económica de la clase media baja y media, que es sobre quienes recae la mayor parte del peso de mantener al Gobierno con el aporte de sus tributos.
De los que pagamos impuestos, no todos podemos evadir, ni debemos hacerlo; los desempleados y los pobres que ganan el salario mínimo no aportan tributos al fisco, con excepción del IVA que lo pagamos por igual en cada bien o servicio que consumimos.
A parte de ello, y en el caso del impuesto sobre la renta, Los inversionistas, empresarios y profesionales independientes se las ingenian a través de sus abogados y contadores para trasladarlo a los consumidores, pero los asalariados estamos crucificados porque nos lo descuentan en la planilla.
De manera que es la población económicamente activa empleada, con remuneración por encima del salario mínimo, sobre quien descansa el grueso de los ingresos tributarios que recibe el Gobierno, como repito con excepción del IVA que lo pagamos todos.
De allí que, como ocurre en todo el mundo, es este segmento de población el que mantiene a los empleados públicos, paga los subsidios estatales al gas para cocinar, a la energía, el drawback de los exportadores, la semilla mejorada de los campesinos que siembran el maíz y el frijol, y buena parte de las contribuciones especiales para el Fosalud, el Fovial, el transporte colectivo, el pago de pensiones.
Además mantenemos con nuestros cotizaciones el Instituto Salvadoreño del Seguro Social, que una buena parte de nosotros no utilizamos por la mala atención, pues de dos o tres medicamentos que recetan, al menos una hay que comprarla, aparte de que dejan citas hasta para un año, por lo que incurrimos en gastos extra yendo al médico particular y a hospitales privados.
Como si eso fuera poco tenemos que invertir en educación privada para nuestros hijos, pues el sistema público no cubre los anhelos de tener una juventud bien preparada para optar a un empleo digno y bien remunerado que llene sus expectativas de vida y un futuro mejor.
También por la falta de seguridad policial, muchos salvadoreños pobres, de clase media baja, clase media alta y algunos ricos son extorsionados por las pandillas o tienen que pagar altas sumas de dinero en vigilancia privada en sus lugares de residencia y centros de trabajo para protegerse de la delincuencia.
Para colmo, el nuevo gobierno ha rebasado los límites del endeudamiento público, fondos que en su mayoría son para gasto corriente, que al final del día terminaremos pagando los mismos salvadoreños, siempre con nuestros impuestos.
A pesar de todo ello, este año puede ser mejor si la mayoría de los 7.4 millones de salvadoreños que vivimos aquí hacemos a un lado la indiferencia, la desidia, la desesperanza y el negativismo y nos armamos de optimismo, coraje y valor para empuñar las armas del trabajo, la educación y el emprendedurismo, necesarios para forjar una patria mejor, en la que no volvamos a poner nuestras esperanzas de progreso en los gobiernos, que muy poco pueden hacer por nuestro bienestar, que al final depende del esfuerzo que cada uno de nosotros pongamos en superarnos a nosotros mismos para lograr un futuro mejor.
Debemos entender que los gobiernos no generan empleos, que esta tarea es responsabilidad de los inversionistas y empresarios, debemos entender que a los políticos no les interesa legislar, ejecutar e impartir justicia, sino es para sus propios intereses y el de sus financistas de campaña.
y que el bienestar de la población es lo menos en que piensan, porque son expertos en vivir prometiendo un mundo mejor, que es lo que menos quieren, porque saben que en la medida que las familias progresan menos creerán su sarta de mentiras con las que pretenden convencernos de que luchan por mejorar lo que está mal.
Finalmente, compatriotas, debemos entender que el bienestar colectivo, solo lo lograremos en la medida que cada uno de nosotros se esfuerce individualmente por ser cada día mejores padres, mejores, hijos, mejores esposos, mejores patronos, mejores empresarios, mejores trabajadores, mejores vecinos, mejores compañeros de trabajo y mejores amigos.
Solo cuando sintamos el dolor ajeno y entendamos que es nuestro deber ayudar a quienes lo padecen compartiendo con ellos el producto de nuestro trabajo, estaremos listos para empezar a crecer económicamente, porque entonces al fin comprenderemos que si Dios hubiera querido ser egoísta y disfrutar él solo los frutos de su creación no hubiera creado al ser humano para compartirlos.

domingo, 2 de enero de 2011

Año Nuevo

Año Nuevo, vida nueva dice el refrán popular. Por eso en este 2011 debemos cambiar aquellas cosas que no nos permitieron la realización completa en nuestro proyecto de vida.
Lo primero es ponernos a cuenta con nuestro Dios. Ese Dios amoroso que, a pesar de nuestros pecados, siempre está dispuesto a perdonarnos y darnos cuánto le pidamos, si lo hacemos con fe y poniendo también de nuestra parte lo que nos corresponde, todo el esfuerzo que podamos hacer para lograr lo que nos propongamos con su ayuda.
Comencemos por hacer un recuento de lo que no hicimos bien, y si algo de eso todavía está en nuestro proyecto de vida, propongámonos hacerlo mejor este año.
Ser una mejor persona nos ayudará mucho. Armarnos de mucho valor para tomar buenas decisiones en todo proyecto que visualicemos emprender también nos será imprescindible.
No debemos olvidar que para lograr el éxito en todo lo que emprendamos, debemos primero poner todo proyecto en las manos de Dios, y poner mucha dedicación, voluntad y todo el conocimiento que tengamos al respecto y buscando la ayuda de personas que saben más que nosotros sobre el tema.
Si hemos sido desordenados en administrar nuestras finanzas, este año ordenémonos y todo nos saldrá bien. Veremos cómo haciendo un uso más racional de nuestros recursos, éstos nos alcanzarán para algo más.
No gastemos en cosas innecesarias, solo porque las encontramos en oferta, adquiramos única y exclusivamente lo que necesitemos para la familia.
Seamos austeros, más no tacaños; en la medida de nuestras posibilidades tratemos de ayudar a alguien que sepamos que tiene necesidad de algo que nosotros estemos en condición de dar sin esperar nada a cambio.
Cuando demos algo nunca lo hagamos pensando en que esa u otra persona nos devolverán el favor: Creo que en esto no aplica el refrán que dice: hoy por ti, mañana por mi.
En lugar de pedir aumento de salario, primero demostremos que lo merecemos y luego, estoy seguro, que sin pedirlo, nos lo darán.
Eliminemos esa actitud egoísta que hemos mantenido siempre de pensar que el Gobierno tiene la obligación de darnos casi todo a cambio de los pírricos impuestos que pagamos. En vez de ello, seamos consecuentes con las necesidades de los que menos tienen y paguemos si es posible más de los tributos que nos tocan para que el Estado pueda ayudar a los más pobres.
Cuando tengamos que elogiar lo bueno de alguien, hagámoslo en público, y cuando nos toque criticar a alguien pensémoslo más de una vez y, solo que sea necesario, llamémoslo y digámoselo a él solo, con el debido respeto y el respectivo consejo.
Si algo no nos gusta, pero no nos incumbe o no nos afectan sus consecuencias, sencillamente ignorémoslo.
Algo importante es que debemos comprender que la felicidad no se logra solo teniendo todo las cosas materiales que nos mejoran nuestro bienestar, a veces se es más feliz compartiendo lo poco que tenemos que tratando de acumular todo lo que podamos para nosotros solos. No seamos como el azadón, solo para adentro; tenemos que ser como la pala que siempre está dando.
Y sobre todo démonos tiempo para disfrutar de las bellezas naturales que nuestro Dios dejó. No seamos como la rueda que corre y corre, y aunque llega más rápido a su meta, en el caso de nosotros de lograr todo lo material para nuestro bienestar, no tiene la oportunidad de apreciar la belleza de la creación.
Y sobre todo amemos a Dios con toda nuestra alma, con todo nuestro corazón y con toda nuestra mente y a nuestro prójimo como a nosotros mismos y lo demás vendrá por añadidura.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Qué Navidad

Esta Navidad, no ha sido la mejor de mi vida, porque estuve muy solo, aunque medité en lo que nos deparará el 2011 a todos los salvadoreños, dada la coyuntura económica que aún permanece, tras la crisis que nos azota desde finales de 2008.
Por los vientos que soplan, la economía no estará del todo en plena recuperación dado, que tendremos un año pre electoral y que sobre todo a finales de año, que es cuando la economía calienta, en esta vez se enfriará un poco, pues estaremos en lo mejor de la bulla electoral.
Aunque los empresarios creo que a regañadientes han aprendido a que se puede convivir con un Gobierno de izquierda, como el que tenemos, es necesario hacer algunas consideraciones.
1) No es un Gobierno total de izquierda, pues hay muchos gangueros que aprovecharon la piñata que propició el FMLN al llevar a Mauricio Funes como candidato y que hoy ostentan algunos puestos públicos.
2) Y aunque son gangueros, eso es mejor que tener un Gobierno totalmente de izquierda, dirían algunos empresarios que no comparten esta ideología.
3) Justo esa manera de pensar contribuirá a enfriar la economía a finales del próximo año, porque el ambiente empresarial y de inversiones estará cargado de todo tipo de conjeturas acerca de qué partido queremos que obtenga mayoría de alcaldías y curules, "dis" que para darle seguridad física y jurídica y la certidumbre política que necesita el país para salir de la postración económica en que se encuentra.
4) Ahora bien, independiente de eso, creo que el negativismo colectivo que se ha generado a partir de lo que dicen las gremiales empresariales y el principal partido de oposición, y que ha sido respaldado por algunos medios de comunicación, ha contribuido mucho a que la economía no despunte, ¿por qué? se preguntarán. La respuesta está en que dejemos de ladrar, al fin creo que ya avanzamos, y hoy es hora de acelerar el paso si realmente queremos crecer arriba del 2% en 2011.
5) Creo que eso será posible, si empujamos juntos la carreta, inversionistas extranjeros y locales, empresarios, profesionales, trabajadores y los tres órganos del Estado, sin echarle la culpa a los errores del pasado, sino trabajando duro por emprender las soluciones de los problemas actuales.
6) El Gobierno ha presupuestado una inversión pública de $1,200 millones, que es demasiado ambiciosa, pero que con el concurso de la empresa privada se puede ejecutar, al menos en un 75% y eso significaría que los empresarios tendrían acceso a participar de unos 900 millones de dólares, con lo que se podrían generar decenas de miles de empleo, que dinamizarían el consumo y generarían más impuestos para el Gobierno.
7) Si a esa inversión pública le agregamos la que pueda venir del sector privado, creo el panorama resulta bastante alentador.
Y por último, creo que debemos borrar de nuestra mente colectiva la idea de que El Salvador pueda encaminarse al fracasado Socialismo del Siglo XXI. En lo personal a mi me parece, que la izquierda ya entendió que para mejorar las condiciones de vida de los cientos de miles de pobres por los que se fue a la guerra, no es generando y repartiendo miseria, sino riqueza, sin quitarle al que la tiene, sino enseñando a crearla a quienes no han tenido la oportunidad, y para lograrlo no queda otro camino que poniendo a trabajar hasta el último salvadoreño en edad productiva.